Las calles de Algemesí

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Las calles de Algemesí

Invitamos al visitante a un itinerario muy singular para conocer de cerca el conjunto monumental y artístico que constituye el patrimonio cultural de Algemesí. Se trata de los “calles de vuelta”, un recorrido perimetral por la villa del siglo XVIII, por donde, aún hoy, discurren los actos festivos de mayor importancia y excelencia de Algemesí, la procesión general de la Mare de Déu de la Salut. Espacios de historia y tradición, lugares de interés, casas y calles con un plus de consideración en la idiosincrasia de los algemesinenses.

Como punto de partida podéis situaros en la plaza del Carbó. Se trata de un sencillo y acogedor lugar, que en realidad es un antiguo cruce de caminos junto al cual se situaba la alquería musulmana de Algemesí. Aquí podemos observar el monumento al Bolero o Baile de Les Llauradores, un baile típico valenciano. 

 Continuaremos ahora por la Plaza Mayor. Es el centro cívico actual, espacio de los grandes acontecimientos y de las fiestas. De aquí sale la procesión de la Mare de Déu de la Salut. Éste es también el escenario de la Semana Taurina, con su peculiar plaza de toros rectangular. Encontramos también la Casa de la Villa o Ayuntamiento. La simétrica fachada eclecticista que observáis es el resultado del diseño hecho por Lluís Ferreres en 1902 sobre otra fachada neoclásica preexistente de J.B. Lacoste datada en 1805. La estructura principal ha sido conservada e integrada en el edificio del nuevo ayuntamiento. 

Poned atención en el conjunto parroquial. Es la basílica menor de Sant Jaume Apóstol, declarada monumento histórico-artístico nacional. Dicho conjunto lo integran la iglesia antigua (siglo XV), la iglesia nueva (1550-1582), la casa abadía (1552) y el antiguo cementerio (s. XIII). Admirad la fachada de la iglesia nueva (1574), obra del mismo arquitecto que el templo, Domènec Gamieta, de un claro estilo renacentista italiano. Si levantáis la mirada un poco más podréis contemplar, levantándose sobre dos contrafuertes, el bello campanario barroco (1703), emblemático para los algemesinenses.

 Accederéis al conjunto parroquial entrando por la puerta de la iglesia antigua, transformada desde 1720 en capilla de la Comunión y dedicada a la Mare de Déu de la Salut, entronizada en su altar mayor, con capillas laterales en la parte izquierda, antiguas capillas funerarias de la burguesía local. La nave central tiene una cubierta rococó con estucados de oro, superpuesta a las viejas nervaduras góticas. A través de los tres arcos de medio punto de la parte derecha, pasaréis a la nave central de la iglesia nueva, de la que recibiréis como primera impresión el gran espacio unificado y, al fondo, la majestuosa visión del retablo mayor. Son dignos de admirar los conjuntos pictóricos constituidos por el retablo mayor, manierista y tenebrista, de F. Ribalta (1603-1610), completado por J. Segrelles (1954), dedicado a pasajes de la vida del apóstol, centro del altar y patrón; el retablo de San José, con escenas de la Sagrada Familia (primera capilla lateral a la derecha del taller de Ribalta); el Retablo de Pardines, renacentista, de autor anónimo, situado en la quinta capilla a la izquierda; y los frescos neoclásicos de la bóveda de la nave central (1823) de J. Oliet.

 La salida del templo la podéis realizar por la puerta del Aire, pasando a un acogedor claustro presidido por una fuente, la antigua pila bautismal; a vuestra derecha quedaría el antiguo cementerio; a la izquierda, el pequeño jardín de la casa abadía y, detrás, una bellísima fachada renacentista. En las paredes se observan retablos que representan los Dolores de la Virgen María (s. XIX) y, en un ángulo, el conjunto escultórico que representa a la senyora Pepa, la beata Josefa Naval Girbés. A través de un arco de medio punto con puerta de hierro, saldréis a la popularmente conocida placeta del senyor Rector donde hallaréis enfrente el monumento expresionista al Tornejant. A la izquierda, bordeando la casa abadía, un severo casal restaurado de mediados del siglo XVI, y sobre el arco de la porta de l'Aire un magnífico retablo del s. XVIII con la representación de la Mare de Déu de la Salut.

 Siguiendo por la calle València, podéis ver en el núm. 2, una casa modernista (s. XIX). Avanzando un poco, a la izquierda, esquina con la calle de Sant Sebastià, está la casa del Comte (s. XVIII); más adelante, pasada la placeta de la Mare de Déu dels Àngels, a mano derecha, en la misma esquina con la calle de los Mont, arriba, se encuentra un pequeño retablo manisero del s. XVIII con la Mare de Déu de la Salut, que señala el límite urbano de la villa en aquel siglo; a continuación, a un centenar de metros, en la parte izquierda de la calle, encontraréis, dentro del ámbito de lo que era el antiguo rabal de València, la ermita dels Sants de la Pedra (s. XVIII).

 Deshacéis el camino y volvéis nuevamente a la puerta del Aire; giráis hacia la derecha por la calle Consell de la Vila y volveréis a la plaza del Carbó, pero, al pasar por el jardín donde estaba el antiguo cementerio, en el pequeño rincón que forma la calle de les Creus, sobre el muro de la iglesia podréis ver la jácena del peso Real (s. XVI).

  Ahora se os presenta una disyuntiva, seguir por la calle Berca o adentrarse por la calle Ràfol. En un caso u otro, pasaréis por el espacio urbano más antiguo de la población, con callejones estrechos y revueltas. Por la calle Ràfol, iréis entre casas de humilde y sabrosa estructura, hasta llegar a la placeta de las tres Moreras, el antiguo ràfol o lugar de estancia del rebaño, hoy más espaciosa.

Hacia la derecha, por la calle Sant Cristòfol, antiguo camino de la dula, con retablo manisero del santo (s. XVIII) a media calle, saldréis a la calle de Berca. Sobre ese mismo punto del solar se alzaba el portal más antiguo del lugar, obviamente desaparecido, del que no queda más indicio que el pequeño ensanche que hace la propia calle. Y es el solar sobre el espacio del primer ensanche de la villa, la del s. XVIII. Justo en la misma esquina entre las calles de Berca y sant Cristòfol se encuentra la casa nova, de finales del s. XVIII, conocida también como casa Montrull o casa dels Girbés, el Batero, conservada con mucho esmero exterior e interiormente. Enfrente mismo se encuentran las dos casas y el templo de las monjas de la Señora Pepa.

 Siguiendo adelante, entramos en el espacio sacro por excelencia del ritual festero y devocional de los algemesinenses. En primer lugar, el Pouet de la Mare de Déu (1683), ornamentado con enrejado y retablo manisero (1901), y un poco más allá la Capella de la Troballa (1947), obra de J. Segura de Lago levantada sobre el mismo espacio que ya ocuparon otros precedentes datados en el s. xvii y antes, remarcando el lugar donde, según la tradición, fue hallada la imagen de la Mare de Déu de la Salut.

 Podemos ir detrás de la Capella para visitar el monumento al algemesinense más universal de todos los tiempos, el organista Joan Baptista Cabanilles (1644-1712), obra de Leonardo Borràs. La propia plaza y el parque Salvador de Castell son sitios de disfrute y reposado paseo.

 

Volviendo ahora a la calle Capella, al poco de iniciar la marcha, encontraremos a nuestra izquierda un venerable edificio, casa de los Palacio (s. XVII), que prestó su nombre a la calle primitiva. Reparáis en el retablo manisero, una de las muchas estaciones conservadas de un Calvario del s. XVIII en la parte derecha de la fachada. Ya en la calle del Molí (o dels Cavallers en terminología del s. XVI), el antiguo camino Real, esquina con la calle de la Parra, se levanta la noble casa de los Soler, saga de los primeros alcaldes y administradores del Patrimonio Real, que lo fueron de la Universidad y Villa de Algemesí entre 1575 y 1623.

 Más adelante entraréis por la Carrer Nou, (todavía nuevo desde el s. XV), que os conducirá al convento; a lo largo de la calle encontraréis antiguas casas del s. XIX. Fijaros especialmente en la del núm. 47, un buen ejemplar del modernismo popular con la fachada recubierta de cerámica de gran efecto decorativo. Ya al final de a pie, a la derecha, vemos una de las más antiguas y puras formas de arquitectura popular doméstica, todavía conservada desde el s. XVI, con puerta de medio punto y ventana de madera en la planta baja, balcon también de madera en la primera planta y ventanillas-respiraderos en el porche.

Ahora os situaréis en la placeta del Convent, en realidad un ensanchamiento de la calle que antiguamente cerraba, formando ángulo recto, la fachada del convento y la desaparecida iglesia de la que solamente queda el campanario. Es el convento de Sant Vicent Ferrer que los frailes dominicos construyeron alrededor de 1590, fecha en que se fundó. Destaca la simetría de la monumental fachada, de austero barroco, rematada por una hornacina con la imagen del fundador de la orden: Santo Domingo. Dentro podréis admirar un severo y espacioso claustro con arcos de medio punto que, en las plantas baja y alta, dan luz a las celdas y dependencias conventuales.

 

Seguid recto por la calle dels Fusters, en cuyo inicio, a la derecha, veréis la fachada del antiguo colegio de los Escolapios, edificio racionalista de los años 30. Delante, encontraréis un rótulo conmemorativo en la casa donde nació el organista J. B. Cabanilles.

 Doblando la esquina entraréis en la calle Montaña, calle ancha, recta y luminosa y desde allí divisaréis el esvelto perfil del campanario de la basílica de Sant Jaume. Espacio residencial de la burguesía agraria e industrial de finales del XIX y principios del XX. Inmediatamente después de iniciar vuestra marcha, a la izquierda, la casa Girbés, de finales del s. XIX; casi enfrente mismo, en el núm. 67, la casa Orero, de principios del s. XX, eclecticista, con gran mirador y balcones con balaustradas; enfrente un poco más adelante, en el núm. 56, la casa Pascual, la más puramente modernista, con fachada de cerámica policromada y fina obra de ebanistería y forja de hierro.

 

Haciendo esquina con la calle de En Bosch, la casa Ramírez, también de puro estilo modernista; casi en el mismo lado, en el nº 49, la casa Sanchis, de eclecticismo académico, con mirador e interesante trabajo de forja de hierro; muy cerca, la casa Montrull, de 1896, eclecticista, con interesante fachada esgrafiada; casi enfrente mismo, en el nº 39, la casa Huguet, de 1893, de academicismo-clasicista; un poco más adelante frente al nº 23, les “casas del notario”, de principios del s. xx, eclecticista, magníficamente restaurada.

 En el núm. 15, la casa Barberà, modernista, hogar de infantiles recuerdos descritos en L'Ullal, obra póstuma del escritor Martí Domínguez Barberà; y enfrente mismo el Casino Lliberal, modernista también, de 1911, muy vinculado a la mencionada obra. Si os sentís atraídos por la historia, delante del mismo, todavía podréis leer y ver la placa conmemorativa de la sede del primer Consell de la Universitat. Un poco más adelante, en el nº 6, la casa-apoteca, modernista-funcionalista, de un ilustre algemesinense, el académico don Vicent Segura Ballester. Llegados a la plaza Mayor, merece la pena acercarse al paseo de Bernat Guinovart y a la avenida de la Generalitat, donde observaréis la expansión urbana de la población, y encontraréis el monumento levantado en honor als Llauradors, de Leonardo Borràs, de trazo expresionista-simbolista, y el de F. García a la Muixeranga. Ya a la salida del pueblo podéis ver la gasolinera funcionalista de Arbona (1930), una elegante villa modernista-dèco en la esquina de la Ronda del Calvari con la avenida del País Valencià, y enfrente dos naves del antiguo almacén de exportación de naranja de Viciano (1905).

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    Capella de la Troballa
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    Monument a Cabanilles
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